La alimentación en la infancia crea enfermedades en el adulto

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mayo 26, 2013 por drjmoya

En los últimos años se ha incrementado el número de enfermedades cuya aparición se relaciona con hábitos dietéticos de la infancia. He aquí una relación de ellos:

FLÚOR Y CARIES:  La caries es un proceso multifactorial y una de los factores comprometidos es la debilidad del esmalte dental, que es más resistente si un buen consumo de flúor. La prevención se realiza fluorando el agua.

CALCIO Y OSTEOPOROSIS: Tener una masa ósea adecuada de adulto depende de la ingesta de calcio, fósforo y vitaminas en las dos primeras décadas de vida. Cuando se ha podido estandarizar resultados de diferentes tipos de alimentación mediante la densitometría ósea se ha constatado con certeza.

ATEROSCLEROSIS Y DIETA:  El consumo de grasas saturadas y colesterol predispone a la progresividad de la aterosclerosis, sufriendo décadas más tarde sus consecuencias: las enfermedades cardiovasculares. La reducción de grasas saturadas y de colesterol en la dieta, así como el aumento del consumo de micronutrientes antioxidantes facilitará un riesgo menor de padecerlas.

OBESIDAD Y DIETA:  Factores genéticos y extragenéticos presentes en el medio familiar (costumbres transmitidas culturalmente) predisponen a determinados sujetos a padecer obesidad. En la infancia, la aparición precoz del rebrote adiposo propio de los 6-7 años es un factor de riesgo para la aparición de obesidad.

HIPERTENSIÓN ARTERIAL Y DIETA:  El consumo de sodio (sal) parecía seguro, pero la carencia de potasio en la dieta juega un papel mucho más activo en la aparición de Hipertensión Arterial. El exceso de grasas y proteínas, así como el aporte insuficiente de fibra, calcio y zinc están igualmente involucrados en la enfermedad futura.

CÁNCER Y DIETA: Al margen de las sustancias carcinógenas y su ingesta en la infancia, existen hipótesis que relacionan la toma de compuestos nitrosos en la dieta, coincidiendo además con poco consumo de frutas y verduras, durante la gestación con la presencia de tumores cerebrales. Igualmente es conocida la relación estrecha entre lactancia materna y desarrollo de la inmunidad.

 

Incluso la nutrición fetal deficitaria permite relacionar ciertos hechos: malnutrición proteica y energética del feto con retraso en el crecimiento y posterior riesgo adicional de diabetes2, hipertensión arterial y aumento de grasas en sangre. La carencia de aporte proteico y calórico en las primeras etapas de la vida se relaciona con retraso psicomotor e inmadurez neurológica, así como retraso en el crecimiento que más tarde no se puede compensar. El déficit de hierro en lactantes ocasiona retraso intelectual que persistirá en mayor o menor medida. Existe falta de una maduración completa del sistema nervioso central y de la retina cuando existen fallo enzimático que impide degradar correctamente el ácido linolénico en sus ácidos grasos derivados (a. eicosapentanoico y docosahexaenoico).

 

Realmente no es tan exagerado decir que somos (y seremos) lo que comemos. Afortunadamente estos déficits no son tan frecuentes, pero se previenen con un axioma muy fácil: comer variado y sano.

 

(NB. Pido disculpas por algunos tecnicismos pero eran inevitables para la explicación)

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